MAGNA 3.0-E. 1:50.000. Sagunto / Sagunt (668)

64 La cadena Ibérica, comienza a formarse a finales del Cretácico y durante el Paleógeno, aun- que la ausencia de registro sedimentario de este periodo dificulta la datación de las diversas fases. En zonas vecinas, En el tránsito del Oligoceno al Mioceno, se produce la transición de la compresión a la disten- sión y, se inicia una fase de rifting que se transmite paulatinamente desde el centro de Europa (fosa del Rhin) y llega al borde mediterráneo peninsular. Este rifting se sobreimpone a las es- tructuras compresivas Ibéricas. Se generan un sistema de fosas de direcciones NNE-SSO como la de Teruel y, en la costa mediterránea, la Depresión de Valencia y sistemas de fosas litorales. Todas estas estructuras son transversales y cortan a los pliegues Ibéricos. En ellas se produce la sedimentación de los materiales terciarios en ambientes continentales, fluviales y lacustres. Estos únicamente están representados por el Neógeno, en concreto el Mioceno. Los materia- les más antiguos son detríticos gruesos y se depositaron en ambientes de abanicos aluviales adosados a frentes de falla en pequeñas cuencas intramontañosas, generalmente ocupadas por arcillas y yesos del Keuper. Los materiales más altos son detríticos: margas, areniscas y lentejones de conglomerados, originados en ambientes de abanicos aluviales que, lateralmente y a techo pasan a calizas lacustres. Aunque estos materiales suelen fosilizar los pliegues de las fases compresivas, se encuentran en ocasiones afectados por las fases tectónicas post-miocenas: fases Iberoman- chega-1 y Maestrazgo de Aguirre et al . (1976). Durante el cuaternario, los sistemas de fallas siguen actuando en régimen distensivo y se generan extensos abanicos aluviales al pie de los escarpes de falla. Posteriormente se produce el encajamiento del río Palancia y se forman los depósitos de terrazas.

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